Al municipio como entidad fundamental de la organización territorial del Estado, le corresponde prestar los servicios públicos, realizar las obras que demande el progreso local, ordenar el desarrollo de su territorio, promover la participación comunitaria y el mejoramiento social y cultural de sus habitantes, entre otras funciones asignadas por ley. Lo anterior exige aplicar los principales componentes de la administración –planeación, ejecución, seguimiento y evaluación– para cumplir tanto con las competencias y funciones asignadas a los municipios, como para alcanzar los objetivos y las metas de desarrollo, acordados democráticamente en el programa de gobierno.
Así, la gestión es la capacidad de llevar a cabo lo propuesto, por eso la gestión pública se puede entender como la capacidad de los funcionarios gubernamentales para ejecutar los lineamientos programáticos consignados en los planes de desarrollo.